RADIO MISTERIO FM

domingo, 9 de diciembre de 2012

Erase una vez … El Diablo (Paloma Navarrete)


Diablo. Tarot de Grimaud


El Señor de las Fuerzas de la Materia no es precisamente hermoso. El tarot de Marsella nos presenta a una criatura provista de cuernos de ciervo, alas de murciélago, garras de ave de presa y unos grandes senos. Podría ser hermafrodita.


Es una figura patética, parece que se ha construido reuniendo los atributos de monstruos pretéritos, pertenecientes a religiones más antiguas.




Tiamat, el monstruo del caos primigenio en Babilonia, tenía forma de dragón, alas y cuernos

Lucha entre Marduk y Tiamat

Leviatán es el monstruo del caos en el Antiguo Testamento, con forma de serpiente, vencido por Yahvé que sobrevoló las aguas y se enfrentó a él.


Destruccion de Leviathan, Gustave Doré (1865)
Los dioses del mal de las religiones antiguas fueron asimilados a la figura del diablo judeo cristiano que ha heredado sus atributos.

Diablo. Tarot de Visconti Sforza




El Diablo del Tarot se presenta de pie sobre un brasero apagado al que mantiene encadenados a dos seres humanos que lucen cuernos, orejas de burro y rabo. Dos humanos sumidos en la “animalidad”. Esclavos de la materia, dominados por sus impulsos más primarios, por las pasiones que no pueden controlar y a las que permanecen encadenados.







Estos dos pobrecitos siempre me recuerdan aquel pasaje del cuento de Pinocho en el que el protagonista, en malas compañías y sin querer escuchar a Pepito Grillo, viaja a la Isla del Placer (o algo así) y se dedica tan solo a disfrutar de los placeres de los sentidos. A medida que olvida el amor por su padre, Gepetto, y abandona el esfuerzo de aprender y mejorar se va convirtiendo en burro. Cae en poder de sus instintos más primarios, de sus pasiones, de la ignorancia y tendrá que pasar por el vientre de la ballena para sufrir una metamorfosis.


Satiro

El Diablo muestra el aspecto instintivo más crudo de la naturaleza humana. Sugiere todo ese lado sombrío al que el ser humano teme pero, al mismo tiempo, le fascina. Instintos y pulsiones primarios; ira, sexo, odio, envidia. Todo lo que nuestra cultura ha definido como “malo” es nuestro diablo personal.

Como Señor de las Fuerzas de la Materia el Diablo es ambición desmedida de bienes materiales. Oscuro dinero del tráfico de drogas, armas, personas.


Y, cómo no, también el Diablo representa la libido, como tal, sin juicio de valor. Ni buena ni mala, sino imprescindible. Y desde este punto de vista se relaciona con el dios Pan.

Dios Pan


Según la mitología Pan es hijo de Hermes y una ninfa llamada Driope que murió al alumbrar a un ser feo, horroroso con patas de cabra barbita de chivo y cuernos. Su padre lo llevó al Olimpo y los dioses rieron al verlo.



Pan frecuentaba mucho los campos de Arcadia, le gustaba la naturaleza. De hecho personificaba el espíritu fértil y fálico de la naturaleza salvaje. Pan era lascivo, le encantaba perseguir a las ninfas y parece que intentó violar a varias de ellas.



En una ocasión se enamoró de la ninfa Siringa y la persiguió por montes, valles y ríos. Cuando la ninfa comprendió que ya no podría librarse del dios, aprovechando que estaba en la ribera del río Ladonte poblada de cañas, se convirtió en una de ellas. Con esa caña construyó Pan la flauta que lleva su nombre.

En muchos momentos Pan es una divinidad jocosa, lúbrica y divertida, pero en otras ocasiones, en la noche del campo, podía aparecer como un dios terrible que producía un especial terror. De ahí la palabra pánico.


Desde la Alta Edad Media los cristianos representan al Diablo con los atributos del dios Pan; patas de cabra, barba de chivo, cuernos y, por supuesto, mirada lúbrica y maléfica.

Lilith, John Collier (1892)




En el Tarot, el Diablo se presenta como una figura andrógina con pene y senos, cuya parte femenina es Lilith, que antes de convertirse en la esposa de Samael (Satán) fue la primera mujer de Adán.


Pero esa es otra historia








Paloma Navarrete



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